Friday, 4 July 2014

Y aquí estoy, frente a esta pantalla, contando mis penas con lágrimas en los ojos como en los antiguos tiempos. Sí, vuelvo, tras todo este tiempo, para desahogarme, para descansar de toda esta mierda que me rodea.
He pasado varios años sin escribir nada, tal vez por falta de tiempo, o por simples excusas, pero necesitaba escribir y decir todo lo que siento, desahogarme como nunca antes lo había hecho.
Siento un fuerte dolor en el pecho, como si alguien intentara reprimirme, presionarme; un alma perdida intentando salvar el pellejo, una puta lombriz intentando sobrevivir tras ser dividida en dos.
Estoy en el fondo de mi ser, intentando salir, día tras día, sin ninguna ayuda, sin nadie que me salve de este puto infierno que vengo arrastrando varios años.
Esta entrada puede que sea más larga que de costumbre, y también puede que no tenga mucho sentido, pero simplemente escribo para decir como me siento, como necesito ser salvado de mi vida; de una vida a la que no le encuentro sentido por más que me empeño en buscarlo.
El espejo me odia, me escupe, me humilla; me enseña algo que en realidad no deseo ser: un monstruo sin alma, con su corazón vendido al diablo por una delgadez inexistente que intenta alcanzar mientras su pobre cuerpo le pide algo para sostenerse, absteniéndose de privilegio alguno.
También vendió su alma al diablo por soledad: se sentía tan sola, tan poco querida, que decidió abandonar su cuerpo para buscar algo en lo que sustentarse. Sí, no tengo alma. Tal vez la tenga el diablo o tal vez la posea algún capullo que juega con magia negra, pero no la tengo. La vendí por un cuerpo bonito y por un amor eterno. Sin embargo, no poseo nada, sólo odio. Odio a mi cuerpo, odio a mi ser, completamente.
Puede que nadie me entienda, que sólo sea un loco con la cabeza perdida en sus pensamientos (o quizás en los pensamientos del dueño de mi alma, de mi jodida y vendida alma), pero puede que alguien me escuche. Y si este mensaje llega al corazón desolado de alguien, merecerá la pena.
Para que mentirme, no lo escribo por nadie. Qué idiota soy, no hago más que mentirme. Siempre igual: mentiras, mentiras y más mentiras. Igual que ayer: me miré al espejo y dije que iba a intentar ser feliz; y fracasé. Siempre fracaso. La felicidad es algo tan lejano a mí.
Tampoco paso mis noches llorando como antes, que tampoco lo hacía, pero sentía la necesidad de hacerlo. No es que ya esté mejor, es simplemente que esta tristeza se ha apoderado de mi alma; la misma tristeza que vendió mi alma al diablo por un estúpido subidón de adrenalina. Si tal vez hubiera sabido antes de la existencia del THC no hubiera vendido nada, o tal vez sí; yo tan contradictorio como siempre.
Y menuda mierda. Mierda de vida, mierda de ser, mierda de todo. Estoy cansado de vivir, de pasar mis horas deseando algo que jamás tendré: felicidad.
¿Por qué a mí? ¿Por qué tengo que sufrir por mi jodido aspecto y mi jodida y solitaria alma? Jamás lo entenderé. Y todavía creéis en Dios; qué triste (eso sí que es triste).
Volviendo a la lombriz, que ni siquiera sé a que viene (en realidad estoy filosófico con la puta lombriz desde que leí "El viaje íntimo de la locura", y os lo recomiendo). Soy como una lombriz: alguien ignorado por el mundo que intenta seguir su rumbo, siempre regenerándose (en mi caso, regenerando mi alma o intentándolo) y nunca cansada, o sí. Pues sí que me canso. Me canso de seguir dejándome la puta piel para sacar algo por lo que seguir adelante, me canso de sacar algo por lo que no vomitar cada noche, me canso de pensar que algún día alguien me hará me feliz; y me sigo cansando.
Pero, de alguna manera, sigo enamorado de la vida, de sus vueltas, de sus idas y venidas. Sigo enamorado de sus inviernos y de sus primaveras, y de sus otoños y de sus inviernos. Y también sigo enamorado del amor, del amor invisible, del amor translúcido y claro que sé que llegará, porque llegará.
Sigo enamorado del viento, del sol y de la lluvia. Del tabaco (aunque muera de cáncer) y del chocolate caliente cada mañana de los Domingos todos los inviernos (aunque engorde y sea peor que morir de cáncer). Y sigo enamorado de la vida, que llena de alegría cada rincón de mi espíritu o, al menos, lo intenta.
Y bueno, puede que esté borracho (tampoco tanto como para pasar el corrector) y no sepa muy bien lo que diga ni cómo lo diga, pero digo la verdad.
Echaba de menos esto. Echaba de menos escribir y dedicar tiempo de mi vida a redactar parte de ella para que otras personas lo leyesen y gastaran su tiempo (tiempo de su vida) en leer la mía.
Y eso, que mi vida es una mierda, pero qué mierda más bonita.

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